Si no puedes mencionar más de dos o tres nombres cuando se te pregunta por mujeres científicas de renombre, esta sección está hecha para ti. En distintos artículos, vamos a ir visitando una a una las mujeres más relevantes e invisibilizadas de sus respectivos campos. ¿Estáis listas para conocer a grandes mujeres que nunca supisteis que existían? 

Aella Pazos

Este recorrido por el pasado comienza por la bióloga Esther Lederberg. Si os suena su apellido es porque su marido, Joshua Lederberg, recibió el Premio Nobel en 1958. De hecho, muchos de sus trabajos fueron adjudicados a su marido y no a ella, por lo que toda la fama se la llevó él y Esther permaneció en las sombras. 

Pero empecemos por el principio. Esther Miriam Zimmer nació en Nueva York en 1922 en una familia judía. Tras finalizar el bachillerato, obtuvo una beca para estudiar bioquímica en el Hunter College donde se graduó en 1942. A pesar de la oposición de sus profesores, eligió estudiar bioquímica. En 1946 obtuvo el título de máster en genética y en 1950 defendió su tesis doctoral sobre la genética de las bacterias. 

Uno de sus mayores logros fue ser la primera en aislar el bacteriófago lambda. También descubrió que este bacteriófago puede invadir una bacteria e introducir en el cromosoma de la célula infectada su ADN. El resultado de esta infección, en lugar de destruir la célula, pasaba de generación en generación sin producir daño aparente. 

Sin embargo, también descubrió que bajo determinadas circunstancias, el bacteriófago recupera su virulencia y mata a la célula infectada, liberando nuevos virus listos para infectar más células. 

Gracias a este descubrimiento, la científica descubrió que la vida de los bacteriófagos lambda tiene dos fases: el lisogénico, en el que no daña a la célula; y el lítico, en el que se reproduce y destruye la célula huésped. Y a partir de entonces, el bacteriófago lambda se convirtió en herramienta de trabajo habitual para muchos estudios de genética molecular. 

Por otro lado, fue también la primera en encontrar un método efectivo para replicar placas bacterianas. Numerosos científicos lo habían intentado anteriormente sin éxito. El artículo que presentaba esta invención fue firmado tanto por Esther como por su marido Joshua, pero, para sorpresa de nadie, el peso de la innovación le fue otorgada a él. 

Esther Lederberg falleció en 2006. Fueron muchos quienes valoraron su trabajo y así lo expresaron en los medios, mencionando que el mayor beneficiado del trabajo de Esther fue su marido, quien se llevó al final todos los premios. 

Créditos: Gracias a Luis por dejarme usar su hilo de twitter sobre mujeres científicas como base de estos artículos. Tenéis el hilo aquí:  twitter.com/